Artemio Arreola, de la Coalición Mexicana-Estadunidense para la Reforma Migratoria, pidió esta semana el fin de las redadas.
Por Rafael Prieto Zartha
America’s Voice
Sin duda algo tienen que estar haciendo bien las organizaciones pro inmigrantes con toda su variedad de matices y puntos de vista para haber logrado colocar nuevamente en la palestra de Washington el tema de la reforma migratoria integral.
Desde diferentes frentes, quienes abogan por cambiar el actual sistema migratorio anquilosado, ruin y falaz, han obligado a que el presidente Barack Obama rememore los tiempos en que él acompañó el "sí se puede" gritado por los hispanos de todos los rincones del país.
Este efecto también ha calado en el Capitolio, donde el senador demócrata por Nueva York, Charles Schumer, ha estado en los últimos días revisando el borrador de proyecto migratorio que había quedado en estado de reposo desde el año pasado.
Por su parte, el senador republicano de Carolina del Sur, Lindsey Graham, ha dado señales de interés en meterle mano al asunto migratorio para mover una propuesta bipartidista.
No obstante, la súbita suspensión del encuentro de Obama con Schumer y Graham, previsto para la tarde del pasado lunes 8 de marzo, deja un mal sabor entre los latinos del país, quienes esperaban que la reunión no fuera simplemente una demostración de buenas intenciones sino un paso real hacia la discusión de la reforma.
Algunos medios en español habían interpretado la reunión como un paliativo para calmar los ánimos de irritación de los latinos antes de la marcha del domingo 21 de marzo en la zona de monumentos de la capital.
Independientemente de las razones para la posposición, las organizaciones pro inmigrantes no deben quitar el pie del acelerador, que es lo que ha dado resultado en los días recientes.
Los políticos deben entender que lo que está en juego es su relación con un electorado que cada vez es más poderoso e influyente y que no olvidará nunca si de nuevo es objeto de burla.
La disyuntiva de la clase política de Washington está en tomar partido por el sector retardatario de los amotinados del té con su cantaleta anti inmigrante o apuntarle al voto latino, que será consecuente con el trato que le den a la comunidad hispana.